Con veintiséis años, todavía vivo en casa de mi padre. La relación con mi familia no es la mejor, pero ¿quién no ha acabado a gritos alguna vez en una comida de domingo? Tampoco es que me esté yendo muy bien en el amor. Y tengo un trabajo precario en una cafetería de especialidad. Lo sé: trans, gay y barista; el chiste se cuenta solo.
En resumen: mi novio me ha dejado, mi madre está muerta, mi padre se niega a verme como soy, mi tía es una tránsfoba y mi jefa es una nepo baby con ínfulas.
Sí, lo has adivinado: esto es una comedia.